A mediados del siglo XIX surgieron en Valencia gran cantidad de publicaciones periódicas, la mayoría de corta duración, humorísticas, y en Idioma Valenciano, un valenciano popular, cercano a la lengua que hablaba el pueblo, sin las ataduras de normas que aparecerían décadas después, plagando al idioma de arcaísmos y formas extrañas; que como decía don Miguel de Unamuno, "La lengua la hace el pueblo, y no los académicos".
Una de las más exitosas de aquellas publicaciones fue La Traca, que perduraría durante muchos años, con diversas etapas, y que llegó a tener edición en castellano para toda España; se caracterizaba por un humor muy valenciano, es decir sencillo y campechano, a veces algo fuerte y bastote, pero siempre con un doble sentido especial, un humor que aún pervive en sainetes, sus hermanos los "aproposits fallers", y las propias Fallas en sí.
La Traca se destacaba también por sus ideales, podría decirse "progresistas y modernos", aunque fieles a las tradiciones valencianas, como demuestra el hecho de que fuera La Traca la primera en premiar los monumentos falleros; durante la Guerra Civil, La Traca se destacó con una continua crítica al bando fascista, aunque claro, no fue la única.
Cuando la legítima República perdió la guerra, Valencia y su territorio, último bastión republicano, fue duramente represaliado; La Traca y sus publicaciones hermanas fueron cerradas, muchos colaboradores encarcelados, y algunos incluso fusilados, y entre ellos el propietario y editor de La Traca, Vicent Miquel Carceller, y dos de sus principales colaboradores, Modesto Méndez Álvarez y Carlos Gómez Carrera "Bluff".
Ninguno de ellos ha sido homenajeado ni recordado por los poderes fácticos actuales, con todas sus leyes de memoria histórica, tal vez por no seguir la doctrina dominante en la izquierda actual... Pero he aquí mi homenaje, con los chistes de dos de aquellos genios, el propio Méndez, y Enrique Pertegás, que sobrevivió por utilizar seudónimos.
- No me toque, que estos días estoy mala en la cama.
- Calla, tonta, yo siempre he creído que tú en la cama estás muy buena.
- Es usted muy rica, ¿verdad?
- Sí, tengo una finca en el centro.
- Usted es muy embustero, me viene siempre con unas bolas...
- Pues usted me viene a mí con otras...
- ¡De quién son estos pantalones!
- No sé. Como no se los haya dejado olvidados el cobrador de la luz...
- Acostumbrada a otras cosas,
la barrita de carmín se me antoja un mondadientes
- Dígame la verdad, Rosita. No me oculte nada.
- ¡Anda! ¡Pues no es usted poco curioso!
- Ven, chacho; me han dicho que tienes mucho dinero.
- Sí; tengo un buen negocio entre manos.
- ¿Y si no sé empinarlo?
- No te preocupes que yo te lo empinaré.
- ¡Madre, madre! ¡Mire cómo se ha puesto la mínina
de ver los panquemaos!
PD: Sé que este mini-artículo no va a agradar a ciertos sectores, ¡pero mira, me he quedado a gusto, che!... XD









